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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 27th, 2009

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Um Portugal que morreu em 4 de Agosto de 1578

D. FERNANDO,
INFANTE DE PORTUGAL (*)

Deu-me Deus o seu gládio, porque eu faça
A sua santa guerra.
Sagrou-me seu em honra e em desgraça,
Às horas em que um frio vento passa
Por sobre a fria terra.

Pôs-me as mãos sobre os hombros e doirou-me
A fronte com o olhar;
E esta febre de Além, que me consome,
E este querer grandeza são seu nome
Dentro em mim a vibrar.

E eu vou, e a luz do gládio erguido dá,
Em minha face calma.
Cheio de Deus, não temo o que virá,
Pois, venha o que vier, nunca será
Maior do que a minha alma.

(*) Fernado Pessoa

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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 27th, 2009

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“Wellcome to Marxland!”

Lido hoje, por acaso, na FFLCH-USP.

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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 21st, 2009

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A essência da tragédia grega (A.-J. Festugière, O.P.)

Tan sólo existe una tragedia en el mundo, la griega, la de los tres Trágicos griegos, Esquilo, Sófocles, Eurípides. Es la única que conserva efectivamente el sentido trágico de la vida, porque conserva sus dos elementos. Por un lado, las catástrofes humanas, que son constantes, en todo tiempo y en todo país. Por otro, el sentimiento de que estas catástrofes se deben a potencias sobrenaturales que se escondenen el misterio, cuyas decisiones nos son ininteligibles, hasta el punto de que el miserable insecto humano se siente aplastado bajo el peso de una Fatalidad despiadada de la que intenta en vano alcanzar el sentido. Si se suprime uno de estos dos factores, ya no existe verdadera tragedia. Éste es el caso, por ejemplo, de la tragedia francesa del siglo XVII. Al estar entonces -por lo menos oficialmenteen una edad de fe, el factor sobrenatural, este factor propiamente trágico de la Fatalidad, ha sido suprimido. Para estos católicos racionalistas del siglo XVII todo está claro, ya no hay misterio. Dios ha creado al hombre feliz. El hombre ha pecado. De este pecado resulta la miseria humana. Ella es redimida por el Hijo de Dios, en el cual basta creer. Todas estas nociones, que en verdad implican tantos misterios por lo menos como la Fatalidad griega, todas estas nociones, en aquel tiempo parecían claras. Y, por consiguiente, ya no hay problema. Ya no existe esta antigua confrontación del insecto humano que se debate en la noche con dioses indiferentes de los que no comprende nada. Ya no existe esta interrogación perpetuamente renovada de la angustia humana: «¿Por qué esto? ¿Qué he hecho para esto? ¿Qué quiere de mí la Divinidad?» Todo está regulado, y por este hecho ya no hay más que tragedias secundarias, dramas burgueses. ¿Debe perder Rodrigo a Jimena para vengar a su padre? ¿El honor o el amor? ¿Qué me importa esta vana querella? Y ved a Fedra. En la obra de Eurípides, el héroe principal es Afrodita, esa Potencia divina que os conduce a pesar vuestro, de modo que, si se le resiste, se está perdido. Fedra se siente conducida, como encantada, envenenada, por Afrodita. Hipólito, que no quiere dejarse conducir, lucha contra una fuerza que, al final, le aplastará (*). Uno y otro son, de hecho, los juguetes de una Fatalidad sobrenatural. Fedra se dará muerte, Hipólito perecerá por la maldición de un padre, que es también una fuerza más que humana. Pero en la Fedra de Racine, todo, en comparación, se vuelve pequeño. En ella, Hipólito tiene una amante, Aricia. De pronto, todo cambia. El joven ya no es el héroe milagrosamente puro, ese devoto de la diosa pura, Artemisa. No es más que un muchacho cualquiera que, habiendo encontrado su «girl», rechaza a una mujer madura. Y Fedra, por su parte, está simplemente celosa. Caemos, como decía, en el drama burgués, la anécdota de cada día. Ya no hay verdadera tragedia.

En los griegos, por el contrario, la atmósfera misma es trágica. Desde el principio de la Orestíada, bajo ese sol de plomo que aplasta el palacio de los Atridas, se siente que algo terrible va a pasar, debe pasar. Y el terror aumenta de escena en escena, hasta el punto que, cuando se produce la catástrofe, cuando el rey es degollado, es como una liberaciór’: por fin se ha acabado, se respira, se puede respirar. Los dioses están apaciguados, han recibido las lágrimas y la sangre que se les debía. El insecto humano puede regresar a su tarea, su triste tarea de insecto.

Ya que, en definitiva, se trata de esto. El hombre cumple su tarea como mejor puede. Los dioses lo trastocan todo. Él no comprende. Está, permanece constantemente en presencia de un muro. Ahora bien, como a pesar de todo hay que vivir, y como el ser humano no puede dejar de pensar, cada uno de los Trágicos griegos ha buscado una grieta en este muro. Esto es lo que quisiera tratar de mostrar.

Nada hay tan profundamente enraizado en el alma humana como la noción de justicia. La idea de un Dios bueno no es primitiva. Lo que sí es primitivo, lo que desde más antigua y universalmente está unido al Ser divino, es el calificativo de poderoso: el dios, lo divino, es por esencia lo «más poderoso que el hombre», en el límite lo Todo-poderoso. Y lo que viene en segundo lugar, por lo menos en Grecia, tras el calificativo de poderoso, es el de justo. El más antiguo poeta moralista de Grecia, Hesíodo, llena todo su poema de Los trabajos y los días con esta noción de un Dios justo. Zeus es el vengador del débil, del huérfano: e incluso el grito del pájaro atrapado por un águila penetra hasta el oído de Zeus. De ahí que, en ese problema capital que plantea la tragedia griega -el insecto humano expuesto a la Fatalidad sobrenatural-, el primero de los Trágicos, Esquilo, haya buscado una solución en la idea de Justicia. Si el hombre sufre, es necesario que haya sido culpable: sin ello el Dios justo se viene abajo. Es la solución de la Orestíada. Agamenón, sin ninguna duda, es culpable, ya que ha sacrificado a su hija Ifigenia para que la flota griega parta. Se dirá: era el Rey de Reyes; llevaba, pues, la responsabilidad de la expedición; y si dependía de él que esta expedición tuviera lugar o no, cuando todo el ejército, desde hacía largas semanas, esperaba sobre la playa, cuando el ardor guerrero se pudría y nacían las murmuraciones, ¿podía impedir él, el Jefe, que se apaciguara a Artemisa? Sin embargo, la sangre derramada, la sangre de una virgen inocente, clama venganza. Y, en definitiva, no era indispensable que la guerra de Troya tuviera lugar. No era indispensable vengar a Menelao ni recuperar a Helena. Por lo menos, así lo piensa el Coro, que expresa, con seguridad, los pensamientos del poeta. «En el origen de todos los males, la funesta demencia con sus vergonzosos designios está ahí para infundir la audacia a los mortales. Osó, él, sacrificar a su hija para ayudar a un ejército a recuperar una mujer, para abrir la mar a unas naves».

(*) No se puede luchar contra una fuerza divina. Penteo, que ha querido resistir a Dioniso, y más precisamente a los arrebatos inspirados por Dioniso, será aplastado igualmente (Eurípides, Bacantes). Y Simonides dice, subiendo un grado más arriba, si se me permite decirlo así, en la jerarquía de lo Divino: «Contra la Fatalidad, ni los mismos Dioses luchan» Sim. 5, 21.

Nota biográfica

André-Jean Festugière a étudié à l’École normale supérieure, à l’École française de Rome (1920-1921) et à l’École française d’Athènes. Il entre dans l’ordre des Dominicains en 1923, avant d’être ordonné prêtre en 1930. Il fut directeur d’études à l’École pratique des hautes études de 1942 à 1968, et membre de l’Académie des inscriptions et belles-lettres en 1958. Ses recherches ont été consacrées à la pensée religieuse de l’Antiquité païenne, dans ses contacts avec le christianisme naissant. Il a édité et traduit de nombreux textes du Concile d’Ephèse et du Concile de Chalcédoine, du philosophe néoplatonicien Proclus, ainsi que le Corpus Hermeticum attribué au prétendu Hermès Trismégiste. Une notice nécrologique a été rédigée par Pierre Hadot dans l’ Annuaire de l’Ecole pratique des Hautes études. Ve section, tome 92 (1983-1984), p. 31-35.

Fonte:
http://fr.wikipedia.org

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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 21st, 2009

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Costumes de Santo Tomás

Frei Tomás foi homem de grande pureza no trato consigo e com os outros, desejando que fosse imitado nessa virtude. Foi admirável pela humildade e paciência, de tal modo que jamais contristava a alguém por palavra grosseira ou caluniosa. Tinha intensa vida contemplativa e passava todo o seu tempo ou rezando, ou escrevendo, ou estudando. (…) Tinha uma alma admiravelmente benigna, como era também de palavra mansa e agradável no trato. Manifestava, assim, a todos, o Espírito Santo que residia em seu interior, do Qual procedia a suavidade de suas palavras. Quem o visse falando, imediatamente lia-lhe na face a santidade da alma.

(Guilherme de Tocco, c.1318)

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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 20th, 2009

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Causa instrumental (e vocal)

Causa instrumental da minha conversão:
a música de um luterano,
presente de meu pai,
– que Deus o tenha -,
quando eu fiz 13 anos.

Ignore as caretas de Ton Koopman.

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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 13th, 2009

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Ide a Tomás!

Así, pues, queremos manifestar públicamente nuestra conformidad con los que sostienen que, aun setecientos años después de su muerte, el Santo Doctor debe ser celebrado no sólo como excelso pensador y doctor del pasado, sino también por la vigencia de sus principios, de su doctrina y de su método; y deseamos explicar al mismo tiempo las razones de la autoridad científica que le reconocen el Magisterio y las instituciones de la Iglesia, y especialmente muchísimos predecesores nuestros, que no dudaron en otorgarle el título de “Doctor común”, que se le dio por primera vez el año 1317[3].

Confesamos que al confirmar y reavivar una tradición tan prolongada y venerable del Magisterio de la Iglesia, no nos mueve sólo el respeto a la autoridad de nuestros predecesores, sino también la consideración objetiva de la validez de su doctrina, el fruto que se obtiene estudiando y consultando sus obras —como sabemos por propia experiencia— y la comprobación del poder persuasivo y formativo que ejerce en sus discípulos, sobre todo en los jóvenes, como pudimos observar en los años de nuestro apostolado entre los universitarios católicos, que, estimulados por nuestro predecesor Pío XI, de feliz memoria, se habían dedicado al estudio del Doctor Angélico[4].

3. Sabemos que hoy día no todos están de acuerdo con esto. Pero no se nos oculta que muchas veces el recelo o aversión que se siente hacia Santo Tomás deriva de un contacto superficial y saltuario con su doctrina, más aún, del hecho de que no se leen ni se estudian sus obras. Por eso, también nosotros, como hizo Pío XI, recomendamos a todos los que deseen formarse un criterio maduro acerca de la postura que hay que adoptar en esta materia: ¡Id a Tomás![5]. Buscad y leed las obras de Santo Tomás —repetimos con gusto— no sólo para encontrar alimento espiritual seguro en aquellos opulentos tesoros, sino también y ante todo, para daros cuenta personalmente de la incomparable profundidad, riqueza e importancia de la doctrina que contienen.

Carta Apostólica
LUMEN ECCLESIAE
Paulo VI, Papa
20 de novembro de 1974

Notas

[3] Pío XI, Encícl. Studiorum Ducem: AAS 15, 1923, p. 314. Cf. J. J. Berthier, Sanctus Thomas Aquinas “Doctor Communis” Ecclesiae Romae 1914, p. 177 ss.”; J. Koch, Philosophische und theologische Irrtumlisten von 1270-1329: Mélanges Mandonnet, París 1930, t. II, p. 328, n. 2; J. Ramirez, De autoritate doctrinali S. Thomas Aquinatis. Salmanticae 1952, pp. 35-107.
[4] Cf. M. Cordovani, San Tommasso nella parola di S.S. Pio XI: Angelicum VI, 1929, p. 10.
[5] Encícl. Studiorum Ducem: AAS 15, 1923, p. 323.

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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 12th, 2009

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E rompeu caminho

Partiu, há mil anos, caminho francês, surrão mais provido de alento que pães. Cajado e vieiras, sandalhas de esparto – e a alma tão grande como o céu de junho.

Tinha uma pátria, é certo, e tinha muitas pátrias. Todas as pátrias de cristãos. A sua, era aquela – a rota infindável que abria à terra de beatitude, à terra ungida pela graça de Deus.

E rompeu caminho, além, sempre além, por landes e sarçais, por serranias e bosquedos. Quem há-de narrar essa jornada portentosa, imagem brutal de fé e pertinácia, piores as estradas que trilhas de pé posto, desveladas as noites de rosto sobre a terra, ao claror das estrelas dormentes como pálpebras de menino?

E Deus perdoou, que muito sofreu: a cinza estreme das planícies desoladas, o rubro do sangue na estria das pedras, a perfídia verde das gentes inimigas, o coalho torpente dos rios e o negro movediço das florestas, aceso de onde a onde em olhos de fósforo, silentes, esfaimados.

Um quadro? O quadro. A própria Idade Média, qual a vedes nas pedras e nos livros.

Dragos e lises. A gárgula vasquejante avergoa de sombra a virgem feita corpo de flama e ascenção. Um sorrir dulceroso, a mão alada a cativar as prórprias feras: e logo a sanha crispada em face de escória, o gesto acutilante e a treva má das paixões ferozes. Sobre os arrases, um feixe de cilícios. O dia verde-mar nos olhos das donzelas: a noite cor de terra nos ralos da caveira.

Tudo aquém e presente. Poeira e sangue incorporado em nós.

A iluminura crua da vida rediviva que o tempo macerou sem destruir.

Caminho de Santiago.

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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 11th, 2009

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A ‘funny kind of history’

It is not very surprising that university students of history, with some knowledge of the sources for, say, Tudor England or Louis XIV’s France, find ancient history a ‘funny kind of history’. The unavoidable reliance on the poems of Horace for Augustan ideology, or in the same way on the Eumenides of Aeschylus for the critical moment in Athenian history when the step was taken towards what we know as Periclean democracy, helps explain the appellative ‘funny’. But the oddities are much more far-reaching, extending to the historians themselves in antiquity, in particular to two of their most pervasive characteris­tics, namely, the extensive direct quotation from speeches and the paucity of reference to (let alone quotation from) actual documents, public or private. The speeches are to us an extra­ordinary. phenomenon and they produce extraordinary reactions among modern commentators. We have no good reason for taking the speeches to be anything but inventions by the histor­ians, not only in their precise wording but also in their substance. Certainly that is how they were understood in antiquity: witness the discussion in his long essay on Thucydides (ch. 34-48) by Dionysius of Halicarnassus, the most acute and most learned of ancient critics and himself a prolific composer of speeches for his multi-volume Roman Antiquities.

Finley: “Ancient History”

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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 11th, 2009

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Fé e crenças

A Dominus Iesus afirma a fundamental distinção entre a fé teologal (o acolhimento da verdade revelada em relação a Deus Uno e Trino), de um lado, e, do outro, as crenças presentes nas outras religiões (o conjunto das experiências e reflexões provenientes da sabedoria e da religiosidade dos próprios fiéis (sic) na sua busca pela verdade. Portanto, não se pode dialogar teologicamente entre cristãos e seguidores de outras religiões, porque não se pode equiparar fé teologal e crença”.

Jean-Louis Cardeal Tauran
L´Osservatore Romano
17.01.2009

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Omayr José de Moraes Júnior

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fevereiro 9th, 2009

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Sobre a morte de uma cabra

Recuerdo al bueno del obispo Palenzuela, bajito él, humilde y callado, pedir la palabra en una reunión con todos los obispos españoles, y con cierta sorna decirles: «Recibo cada día por correo varios kilos de papel de la Conferencia Episcopal. Son informes teológicos, borradores de futuros documentos, pastorales de otros compañeros, noticias eclesiales, textos magisteriales… Tengo que decirles que aunque me he propuesto leerlo todo, no he podido. Materialmente me ha sido imposible, y no por falta de ganas. Sin embargo, la cabra que tengo en la parte de atrás de la catedral de Segovia, que está muy flaquita, ha cogido tanto gusto por el papel que se come los envíos que me hacen desde Añastro. Así de contenta la tengo desde hace unos meses. Pero como los envíos han crecido en volumen, la cabra ha engordado tanto, que la semana pasada murió de empacho».

Ése es nuestro drama: los eclesiásticos nunca habían escrito y hablado tanto en la Historia de la Iglesia como ahora. Y la palabrería eclesial da por supuesto demasiadas cosas. Damos por descontando que la gente conoce a Cristo, y en muy pocas ocasiones damos las razones de nuestra fe. Los obispos, sacerdotes y seglares cultos escriben sobre ética, moral, política, incluso sobre el cristianismo… pero olvidan hablar de Cristo. Se refieren a las consecuencias de la fe, como la moral, pero ignorar la fe misma, la dan por descontado en la España de hoy. «Anunciar la moral sin antes anunciar la fe ¬dice el escritor Vittorio Messori¬ provoca rechazo, no la adhesión. La gente está harta de escuchar prohibiciones ¬preservativo, divorcio, métodos anticonceptivos¬, y ni una sola palabra sobre las razones de la fe». Y es que estamos en una sociedad post-cristiana. Así de duro. Empeñarnos en seguir «anunciando» la moral, las normas, la ética… sin dar a conocer primero a Él, que es el que da sentido a todo ese cuerpo moral, es perder el tiempo. La fe en Cristo es como un clavo que sujeta a un cuadro (la moral). Si el cuadro no está firme, es inútil pretender que el cuadro se mantenga en la pared; caerá irremediablemente.

Alex ROSAL