Julho 24, 2008

Descrição universalizante de um integrista narcísico-bolostrocante (*)

DELIRIO DE PERSECUCIÓN

Desde el día en que su padre se opuso a su carrera de pintor, Adolfo Hitler debió sentirse perseguido, y no tanto por la prohibición formal de su padre como porque éste no estaba dispuesto a reconocer su genio.

Después de su fracaso en la Academia de Viena, hubo de soñar ciertamente con el tema del genio incomprendido, como lo haría más tarde en la prisión de Landsberg, al rumiar el fracaso de su putsch.

“En el curso de la existencia humana -escribió melancólicamente en esa fecha- puede ocurrir una vez que el hombre político coincida en el creador de un programa. Cuanto más íntima es esa fusión, más fuertes son las resistencias que entonces se oponen a su acción. No trabaja ya para exigencias evidentes, para el criterio del primer mercader que acierte a pasar, sino por fines que sólo comprende una pequeña elite. De ahí que su existencia esté entonces desgarrada por el amor y el odio. La protesta de sus contemporáneos compensa el reconocimiento futuro de la posteridad para que trabaja”.

Ese texto es particularmente interesante para el alienista. Nos demuestra que si Hitler hubiera encontrado menos eco entre sus contemporáneos, se habría refugiado, como tantos otros paranoicos, en el tema del genio ignorado. Hubiera continuado sobreestimándose, y el elemento persecución habría llegado a ser predominante.

Las memorias de los políticos que vivieron en la intimidad de Hitler indican que el Führer interpretaba una cantidad de incidentes como verdaderas conspiraciones dirigidas contra él.

Konrad Heiden nos refiere un hecho típico. En marzo de 1927 Hitler pronunció su primer discurso en público desde su salida de la fortaleza de Landsberg. Al día siguiente el Volkische Beobachter, órgano de los nazis, no publicó sino algunas frases truncas de esa larga manifestación oratoria. El taquígrafo encargado de tomar el discurso había perdido sus notas. Hitler, fuera de sí, vió en ello una maquinación de sus enemigos. Estaba convencido de que éstos tenían espías en su diario. Hizo venir al redactor que consideraba responsable de ese incidente, lo cubrió de injurias, gritó que se sentía rodeado de traidores y, como el desdichado quiso responder, Hitler le aplicó una sonora bofetada.

Imbuído de la idea de que él tenía el derecho y el deber de llegar a ser el amo indiscutido del mundo, le parecía que quienes se defendían contra ese insaciable afán de conquista era gente que lo perseguía. Esto rige tanto para sus relaciones privadas como para sus rela ciones políticas, y en cada uno de sus discursos de política exterior reaparece ese tema de persecución.

Quien odia con el ardor de un Adolfo Hitler, se siente, por fuerza, profundamente odiado. De ahí la sospecha constante de que todos querían su desgracia. (**)

La organización de la Gestapo es otra manifestación de su ansiedad. Hitler olvida que él tiraniza; sólo ve que se lo amenaza. Proyecta sus sentimientos de odio en las personas que lo rodean, como si giran ellas quienes buscaran pleito.

El mecanismo de proyección es muy conocido. Consiste en no tomar conciencia de sus propios sentimientos y atribuirlos a otros. Ese procedimiento tiene un valor económico para el individuo: le ahorra el sufrimiento de los sentimientos de culpabilidad y, además, transforma un conflicto interior, entre dos tendencias de la personalidad, en un conflicto exterior. De esta suerte la unidad de la persona está mejor conservada, ofrece más fuerza de resistencia al mundo exterior; pero, por otra parte, el individuo utiliza ese mecanismo a expensas de su sentido de la realidad.

SELECCIÓN DE LA REALIDAD

Hemos estudiado las ideas de grandeza y las ideas de persecución de Hitler. Éstas no son realmente comprensibles si no las insertamos en el sistema paranoico al que pertenecen.

En su discurso del 28 de abril de 1939, Hitler declaraba: “He devuelto al Reich las provincias que en 1919 nos habían sido robadas. Gracias a mí volvieron a su país de origen millones de alemanes, a los que se había apartado de nosotros y que vivían en la miseria. He restablecido la unidad histórica del espacio vital alemán. Me he esforzado, señor Roosevelt, por obtener todo esto sin efusión de sangre y sin imponer a mi país, y por consiguiente tampoco a los otros pueblos, la miseria de la guerra.

“Yo que, hace veintiún años, era un obrero desconocido y un soldado de mi patria, hice todo esto, señor Roosevelt, gracias a mi propia energía. Puedo, por consiguiente, ante el tribunal de la historia, reclamar un sitio entre esos hombres que han cumplido el máximo de lo que, razonablemente, podía pedirse a un solo individuo”.

Cuando leemos esta declaración es difícil desechar la idea de que Hitler, al hacerla, era sincero. Pero tan pronto como adherimos a esta tesis nos vemos obligados a admitir al mismo tiempo que él no veía las cosas como nosotros, que una parte de la realidad se le escapaba y que no podía salir de su propio punto de vista.

Analicemos este texto y hallaremos inmediatamente los defectos específicos del pensamiento paranoico.

Hitler extrae de una realidad compleja ciertos hechos que actúan en el sentido de sus deseos, o de sus ideas delirantes, y tiene una convicción absoluta e inquebrantable de que esa verdad parcial constituye “toda la verdad”. Es lo que decimos del pensamiento paranoico: las premisas son falsas, pero los razonamientos que siguen son justos. Hitler considera que, al restituir al Reich todas las minorías alemanas, cumple una obra de paz. Considera que esos alemanes tienen necesidad de un espacio vital que no pueden hallar sino avanzando hacia el Este, y sometiendo a razas que él considera inferiores, e incapaces de gobernarse por sí mismas. Habiendo cumplido gran parte de su programa, está contento con su trabajo y no puede comprender que se lo critique, a menos que sea por mala fe.

Toda una parte de la realidad se le escapa: aquélla en que no está interesado, la que no significa ningún triunfo para él. De la anexión de Austria no conservó sino el recuerdo de los nazis entusiastas que lo aclamaron. Sabe bien que había adversarios, pero en su espíritu se trata únicamente de un puñado de imbéciles, incapaces de comprender la grandeza de los acontecimientos, la grandeza de ese Reich que va a conquistar el mundo.

Su memoria es selectiva, y no retiene más que el exito.

(…)

Cualquiera sea la cuestión política que Hitler exponga, nos hallamos con esa subjetividad que lo obliga a deformar los hechos, a destacar una verdad parcial como si fuera una verdad absoluta. Pero está tan convencido que cree a pie juntillas en la mala fe de los otros.

Por lo tanto, no puede concebir que alguien no sienta admiración por la forma aparentemente pacífica en que consumó el Anschluss: “Esto debían entenderlo todos esos apóstoles internacionales de la verdad, que hoy mienten, que quieren ver en este acto un acto de violencia y rehusan ver los hechos, porque no corresponden a su canon”.(Discurso del 25 de marzo de 1938).

Gracias a estas citas podemos comprender que Hitler vivió en un mundo distinto al de sus adversarios, que no pudo comprenderlos nunca porque sus normas eran distintas. Era absurdo firmar un tratado con él, porque las cláusulas de ese tratado no podían tener el mismo significado para las dos partes contratantes. Lejos de ver, por ejemplo, en el Anschluss, la menor violación de compromisos anteriores, declarará el 8 de abril de 1938: “Creo que fué la voluntad de Dios la que envió aquí, a Alemania, un joven para que creciera y se desarrollara con el fin de ser el jefe de la nación y devolver su patria al Reich. Hay un orden superior: nosotros no somos más que sus servidores… Lo que se consumó en tres días no puede ser considerado sino como el deseo y la voluntad de esa Providencia”.

LA FORMA DE SU ALIENACIÓN

Hace justamente lo que reprocha a los demás. Pero el fin, en él, justifica los medios. Hitler tiene una gran misión que cumplir: la de conducir a Alemania a la hegemonía sobre todos los otros pueblos. Todo lo que se haga para el éxito de esa empresa le parece legítimo, porque él no puede verla sino desde el punto de vista alemán.

“Es imposible decir que quien se propone realizar ciertas revisiones viola una ley, puesto que el tratado de Versalles no tiene fuerza de ley para nosotros. Se nos ha arrancado nuestra firma con el revólver al pecho, y amenazado con el hambre a millones de hijos de nuestro pueblo, y luego se ha elevado al rango de ley a ese documento que llevaba nuestra firma obtenida por la
fuerza”. (Discurso del lv de septiembre de 1939).

En ese texto Hitler no solamente altera la verdad, si no que protesta además contra la validez de un tratado impuesto con la amenaza de las armas y del hambre. Pero poco tiempo después imponía, en las mismas con diciones que él criticaba, tratados draconianos a diez países de Europa. En ese mismo discurso legitimaba su ataque a Polonia, pues éste, dijo, era “un país edificado sobre la fuer za y gobernado por medio de la policía y el ejército”. Le parece normal que Alemania no repose sobre la de mocracia sino sobre la fuerza y el ejército, y sin embar go reprocha a sus vecinos el estar formados del mismo modo. De una manera constante se atribuye el derecho de hacer cosas que critica en los otros y de reprochar a los otros los defectos que él padece. “Ni el pensamiento admitimos de que estadistas o parlamentarios británicos practiquen, en el interior de Alemania, encuestas sobre la suerte de súbditos del Reich”. Hitler encuentra, en cambio, perfectamente natural interesarse por lo que pasa en Austria, en Checoslovaquia, en Polonia. Omite hablar de los campos de concentración que ha organizado, donde perversos sádicos están encargados de torturar a pobres ancianos u hombres subalimentados cuyo único crimen es pensar de otro modo que el Führer. No comprendía que había allí un crimen de lesa humanidad, que debía rebelar a todo ser civilizado. Unos días después de una campaña de prensa alemana contra Checoslovaquia, Hitler dicta una lección a las otras naciones: “La tarea de asegurar la paz del mundo -dice- implica también que los estadistas y políticos responsables se ocupen de sus propios asuntos y se abstengan de inmiscuirse constantemente en los problemas de los otros países y de los otros pueblos. Con recíprocas consideraciones de esta índole, se crean condiciones favorables a la paz, paz que ningún país desea más seriamente que Alemania”. (Discurso del 9 de octubre de 1938).

Hitler, disociado de la realidad y sólo a medias inmerso en ella, no se apercibe de que hace justamente lo que predica a los demás que no hagan.

Como hemos visto, concibe siempre todos los problemas desde un punto de vista puramente egocéntrico. Puesto que él, pobre y plebeyo, ha llegado a ser el Führer de los alemanes, concluye que el nacional-socialismo es la institución más democrática del mundo; en ese momento, olvida todo el carácter tiránico de su régimen. “Tan grande ha sido nuestra revolución que sus bases espirituales no han sido comprendidas aún hoy por un mundo superficial. Ellos (las gentes de otros países) hablan de democracia y de dictadura, y no han comprendido que en este país se ha operado una revolución que puede ser descripta como democrática en la más alta acepción del término. ¿Existe un socialismo más glorioso, o una democracia más real, que la que permite a un alemán cualquiera convertirse en jefe de la nación? El fin de la revolución no era privar a una clase privilegiada de sus derechos, sino elevar al mismo nivel a una clase que no tenía derechos…”.

Inútil insistir en que todas estas afirmaciones son falsas y que sólo se explican por el hecho de que Hitler juzga esa revolución desde el punto de vista de lo que ella ha significado para él mismo.
Hitler estaba siempre convencido de su derecho, de sus buenas intenciones, de la importancia de su misión, de la excelencia de sus procedimientos. Al obrar así se conducía como todos los paranoicos. Si uno de ellos está encerrado en un asilo, pide siempre nuevas concesiones, y cada visita del médico provoca recriminaciones, discusiones sobre sus derechos. Promete cosas que nunca cumple. Por ejemplo, suplicará que se le deje salir con un enfermero para no verse confinado en el patio del establecimiento; no comprende que es más agresivo que otros y que su caso exige más prudencia; promete que no tratará de huir. Cuando se le acuerda lo que pide, lo primero que hace es atacar a su enfermero para darse a la fuga. ¿La había premeditado? Ciertamente, la idea cruzó por su imaginación, pero la había reprimido. Se había convencido de que no lo haría, para obtener por lo menos la concesión de salir acompañado. Pero, alcanzado un objetivo, el que cuenta es el siguiente, y no descansa hasta alcanzarlo. Si se produce un incidente de esta clase, cuando el paranoico lo relata él es siempre inocente y el enfermero culpable. Estará convencido de que él lo atacó porque el otro fué desconsiderado; olvida que él quería escapar.

(*) Psicoanálisis de Hitler. Merle, Robert; Saussure, Raymond. Editora Siglo Veinte. Buenos Aires, sem data, pp 57-65.
(**) grifos meus.

Comments Comments | Categories: Textos, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior




Um programa de vida

Sucede, porém, que alguém se envergonhe dos opróbrios que lhe são inferidos por conta da virtude que possui, mas isso provém da imperfeição da sua virtude: porque quanto mais virtuoso é alguém, tanto mais despreza os bens e males exteriores. Donde dizer Isaías: “não temais os opróbrios dos homens”. (Tomás de Aquino, Suma de Teologia,
II-II, q.144, a.2 ad1)

Ex imperfectione autem virtutis contingit quod aliquis verecundetur de opprobriis quae sibi inferuntur propter virtutem, quia quanto aliquis est magis virtuosus, tanto magis contemnit exteriora bona vel mala. Unde dicitur Isaiae li, “noli timere opprobrium hominum”.

Comments Comments | Categories: Textos, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior




Julho 23, 2008

Sem embargo, o Senhor nos adverte sobre a mentira (Jo 8, 44).

Tomás de Aquino cita Orígenes em sua Catena aurea sobre o Evangelho de João (cap.8, 44).
Falta-me paciência para traduzir. Deixo essas duas traduções:

Orígenes:

Es uniforme vivir siempre en la verdad, así como es diverso y variable no vivir en ella. Sucede que algunos, si cabe así decirlo, andan con pasos vacilantes y tratan de mantenerse en ella, mas no lo consiguen. Otros no sufren esto, sino que quedan firmes en el peligro, según aquellas palabras del Salmo: “Los pies se me han conmovido un poco” (Sal 72,2). Los demás se alejan de la verdad. Explica también el Salvador el motivo por qué el diablo no es afecto a la verdad, cuando dice: “porque no hay verdad en él”; esto es, porque inventa cosas vanas y es engañado por sí mismo, en lo cual es peor, porque los demás son engañados por él. Mas éste es el que se engaña a sí mismo. Pero debe examinarse por qué dice el Señor: “Que no hay verdad en él”. Si es porque nunca tiene doctrina verdadera, sino que todas sus cosas son falsas, o porque no tiene participación con Jesucristo, que dijo: “Yo soy la verdad” ( Jn 14,6). Parece imposible que una creatura racional opine falsamente sobre todas las cosas y que no piense rectamente sobre cosa alguna. Pero el diablo conoce, por lo menos en esto, la verdad, porque se considera a sí mismo como ser racional. Por este motivo su naturaleza no se funda precisamente en admitir lo contrario a la verdad, esto es, el error y la desidia, como si nunca pudiera conocer la verdad.

ORIG. (Traité 20.) Il n’y a qu’une manière uniforme de demeurer dans la vérité, tandis qu’on en sort par des voies nombreuses et variées ; les uns dont les genoux sont chancelants, s’efforcent de demeurer dans la vérité, et ne peuvent y réussir ; d’autres, sans être aussi faibles, éprouvent la même hésitation au milieu des dangers, selon cette parole du Roi-prophète : « Pour moi, mes pieds ont été ébranlés ; » (Ps 71) d’autres enfin tombent et se détachent complètement delà vérité. Or, le Sauveur nous donne la raison pour laquelle le démon n’est pas resté fidèle à la vérité, « c’est que la vérité n’est point en lui, » c’est-à-dire qu’il s’est laissé entraîner par la vanité de ses pensées, et qu’il a été son propre séducteur, en cela d’autant plus méchant, que les hommes sont trompés par lui, tandis qu’il est lui-même l’auteur de sa déception. Mais dans quel sens est-il dit que la vérité n’est pas en lui ? Faut-il admettre qu’il n’a jamais possédé la véritable doctrine, et que toutes ses pensées ne sont que mensonge ? Ou bien ces paroles signifient-elles qu’il n’a jamais été participant de Jésus-Christ qui a dit de lui-même : « Je suis la vérité ? » Il est impossible, ce me semble, qu’une nature raisonnable ait des idées fausses sur toutes choses, et n’aperçoive pas, ne fût-ce qu’une petite partie de la vérité, et le démon comprend au moins cette vérité qu’il est lui une nature raisonnable. L’essence de sa nature n’est donc pas contraire à la vérité, elle n’est pas un composé d’erreur et d’impuissance ; car alors il ne pourrait jamais connaître la vérité. — S. AUG. (Cité de Dieu, 11, 18.) Ou bien encore, Nôtre-Seigneur en disant : « La vérité n’est point en lui, » répond à la question qu’on pourrait lui faire, et donne la raison pour laquelle le démon n’est point demeuré dans la vérité, c’est que la vérité n’était point en lui, et elle eût été en lui, s’il y fût demeuré.

Comments Comments | Categories: Textos, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior




Julho 22, 2008

Sob o céu de Jansênio*

(*) Texto do Dr. José Benedicto Pacheco Salles (1915-2000).

Costuma-se interpretar esta passagem [o Autor refere-se à Suma de Teologia I-II, q.109, a.3, c, cf. abaixo em inglês e francês] como se o homem, após o pecado original, não pudesse, de nenhum modo, amar a Deus sobre todas as coisas. Ora, não é isso o que Santo Tomás afirmou. Muito pelo contrário, ele começa por estabelecer que amar a Deus sobre todas as coisas e mais do que a si mesmo é um fim conatural ao homem, aos irracionais e até às próprias coisas inanimadas. O que ele justifica por uma razão metafísica: o bem da parte depende essencialmente do bem do todo. Portanto, nenhuma coisa pode apetecer o seu próprio bem sem que, e com maioria de razão, apeteça prioritariamente o bem comum a todo universo, que é Deus. Ora, o que é conatural não se extingue a não ser que a natureza à qual se refere também seja extinta. O pecado original diminuiu e deteriorou, mas não extinguiu, e nem podia fazê-lo, o bem intrínseco da natureza humana: este é o erro dos protestantes e jansenistas, como Pascal, que fala de uma segunda natureza anterior ao pecado. Mas se o homem, apesar de prejudicado pelo pecado, continua a ter a mesma natureza, então aquilo que lhe era conatural continua a ser-lhe conatural, ainda que com um prejuízo proporcional. Nem seria admissível que o homem, pelo pecado original, ficasse em condição inferior à das coisas inanimadas, com sua capacidade de amar a Deus sobre todas as coisas. Santo Tomás, porém, nos esclarece que cada coisa tem esse amor a seu modo, secundum quod aptum natura est esse. E assim cada uma, conforme o seu grau de entidade, apetece a perfei­ção que lhe corresponde, com o que, como já vimos, apetece o próprio Deus, “porquanto as perfeições de todas as coisas são certas semelhenças do ser divino” inquantum perfectiones omnium rerum sunt quaedam similitudines divini esse. Segundo esta consideração, até o demônio tem o seu próprio modo de amar a Deus sobre todas as coisas, pois “também nos condenados permanece a inclinação natural para a virtude: se fosse de outro modo, não haveria neles o remorso da consciência”, etiam in damnatis manet naturalis inclinatio ad virtutem: alioquin non esset in eis remorsus conscientiae. (I-II, q.85, a.2 ad 3). Aos demônios, como aos condenados, continua a ser conatural apetecer a Deus sobre todas as coisas, uma vez que permanece neles a inclinação para a sua própria perfeição, que está na virtude. E a impossibilidade em que se encontram de jamais alcançar este objetivo é que constitui o seu irremediável suplício, a frustração radical de suas existências. Mas por aí mesmo eles refletem a perfeição da justiça divina e realizam, por um outro caminho, o fim para que foram criados. Porque a criatura pode frustrar-se, mas a intencão de Deus não se frustra nunca.

I answer that, As was said above (I, 60, 5), where the various opinions concerning the natural love of the angels were set forth, man in a state of perfect nature, could by his natural power, do the good natural to him without the addition of any gratuitous gift, though not without the help of God moving him. Now to love God above all things is natural to man and to every nature, not only rational but irrational, and even to inanimate nature according to the manner of love which can belong to each creature. And the reason of this is that it is natural to all to seek and love things according as they are naturally fit (to be sought and loved) since “all things act according as they are naturally fit” as stated in Phys. ii, 8. Now it is manifest that the good of the part is for the good of the whole; hence everything, by its natural appetite and love, loves its own proper good on account of the common good of the whole universe, which is God. Hence Dionysius says (Div. Nom. iv) that “God leads everything to love of Himself.” Hence in the state of perfect nature man referred the love of himself and of all other things to the love of God as to its end; and thus he loved God more than himself and above all things. But in the state of corrupt nature man falls short of this in the appetite of his rational will, which, unless it is cured by God’s grace, follows its private good, on account of the corruption of nature. And hence we must say that in the state of perfect nature man did not need the gift of grace added to his natural endowments, in order to love God above all things naturally, although he needed God’s help to move him to it; but in the state of corrupt nature man needs, even for this, the help of grace to heal his nature. (I-II, q.109, a.3, c)

Réponse : Nous l’avons dit dans la première Partie quand nous avons rapporté les diverses opinions sur l’amour naturel des anges : l’homme, dans l’état de nature intègre, pouvait accomplir le bien qui lui est connaturel sans le complément d’un don gratuit, quoi que non sans le secours de la motion divine. Or, aimer Dieu par-dessus tout est connaturel à l’homme, et aussi bien à toute créature, non seulement rationnelle mais irrationnelle, et même inanimée, selon le mode d’aimer qui convient à chaque créature. La raison en est qu’il est naturel à chaque être de désirer et d’aimer quelque chose conformément à son aptitude innée; Aristote écrit que “ toute chose agit selon sa disposition naturelle ”. Or, il est manifeste que le bien de la partie est pour le bien du tout. D’où il suit que chaque être particulier aime, d’un appétit ou amour naturel, son bien propre en vue du bien commun de tout l’univers, qui est Dieu. Et c’est pourquoi Denys peut écrire : “ Dieu fait converger toutes choses vers l’amour de lui-même. ” Dès lors l’homme, dans l’état de nature intègre, référait l’amour de soi à l’amour de Dieu comme à sa fin, et il en était de même de son amour pour toutes les autres choses. Ainsi aimait-il Dieu plus que lui-même et par-dessus tout. Mais, dans l’état de nature corrompue, l’homme en est incapable, car l’appétit de sa volonté rationnelle, en raison de la corruption de la nature, poursuit son bien privé, s’il n’est guéâce de Dieu. Il faut donc conclure que l’homme, dans l’état de nature intègre, n’avait pas besoin, pour aimer Dieu naturellement par-dessus tout, du don d’une grâce surajoutée aux dons naturels, bien qu’il lui fallût à cet effet le secours de Dieu, premier moteur. Mais, dans l’état de nature corrompue, l’homme a besoin du secours de la grâce qui vient guérir la nature. (I-II, q.109, a.3, c)

Comments Comments | Categories: Textos, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior




Julho 21, 2008

Não o mais difícil, mas o melhor

Os atos de virtude realizados com pouca caridade têm valor meritório débil e remisso por mais duros e penosos que sejam. Por outro lado, os atos de virtude realizados com forte afeto e caridade têm grande valor meritório e perfeição, por mais fácies e simples que sejam. Por isso, a menor ação de Cristo ou de Maria tinham valor incomensuravelmente maior que o martírio de qualquer Santo. Pois, para o mérito e a virtude importa mais o bem que a dificuldade; assim, nem sempre o mais difícil é o mais meritório: é preciso que seja também o melhor (Tomás de Aquino. II-II, q.27, 8; III Sent. d.30, a.3 et 4 ad 3; De virtutibus q.2, a.8 ad4)

Comments Comments | Categories: Links, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior




Julho 17, 2008

“Aliás, basta-me ouvir a palavra pólis para começar a sentir náuseas”.

Li a frase acima em http://www.oindividuo.com de hoje. É do Pedro.

Aproveito o ensejo para dizer o seguinte:

Isso é a perfeita síntese do que tenho sentido ao deparar com uma insanável leva de deslumbrados blogs. Dou um exemplo dessa enfermidade: é difícil achar ao menos um que não tenha 400 expressões em língua estrangeira num único post, post mesmo…, onde caberiam, perfeitamente, as correlatas em Português. Veja bem: não me refiro a termos técnicos, como pólis !, mas expressões óbvias, não técnicas, ou quase idênticas em Português (por ex.: expositio, exposição). Mais ainda: nada tenho de xenófobo, e destesto nacionalismos sobretudo os legítimos.

Não é bem o caso, mas já me dizia D. Odilão Moura há muito tempo, “no Brasil, quem sabe uma língua estrangeira acha-se um gênio”. Aliás, os que tiveram a grata oportunidade de conhecer bem D. Odilão fizeram um sadio “curso de des-deslumbramento”. Sua fina ironia e sua autoridade intelectual tornavam este “curso” uma vacina eficacíssima. Essa vacinação produz náusea (física, não metafórica) quando em presença do elemento “deslumbrado” ou de algo de sua deslumbrada e insossa lavra. Hoje, basta um zé mané sobraçar um Copleston da vida (en edición castellana, por supuesto, hombre!) para sonhar-se douto, sábio, profundo e olímpico. Se a isso somar-se o pré-especulativo folhear dalguma vetusta edição da BAC, então o gozo deslumbratício, como diria Odorico Paraguaçu, é frenético, é trêmulo, é espumante.

Ia esquecendo do velho Jolivet…

Mas que gente ingênua !

Aproveito para confessar o seguinte. Meus amigos sabem, e imagino que outras poucas pessoas, que publiquei o comentário da Ave-Maria feito por Santo Tomás. Ao terminar o livrinho, imprimi uma prova, encardernei e levei-a a D. Estêvão Bettencourt para pedir-lhe uma resenha (minha intenção era que a resenha ficasse pronta juntamente com impressão). D. Estêvão voltou-se para mim, e perguntou-me se eu não preferiria uma Apresentação. Um pouco surpreso, e honrado, disse-lhe que sim. Em duas semanas estava pronta. Um amigo foi gentilmente buscá-la, pois não moro no Rio, transcreveu-a e mandou por e-mail. Na Apresentação, D. Estêvão, não sei por que, chamou-me de “latinista”, embora não o seja nem jamais tenha pensado em semelhante ousadia: só Deus sabe quantas farpas tive que aturar por conta desse elogio (totalmente imerecido) que recebi daquele venerável monge. Na verdade, D. Estêvão estava contribuindo mesmo para minha santificação, e, é claro, para conhecer um pouco da sordidez e da nobreza humana em face de algumas reações que percebi. Também na resenha de outro livrinho que traduzira antes, o comentário ao Pai-nosso, de Santo Tomás, D. Estêvão me chama de “professor”. Ora, eu nem sei de onde saiu isso (talvez a Sra. Editora do livro tenha me apresentado assim a D. Estêvão, a quem não conhecia então, a fim de “valorizar o produto” na página do JB que publicou a resenha).

Não sou “latinista”. Mas, como ninguém deve faltar à justiça, nem para consigo mesmo, devo dizer que tenho alguma facilidade para traduzir os textos latinos medievais, desde que sejam questões disputadas, sumas, exposições: o trivial enfim. Faço-o à primeira vista, sem engasgar. Mas não me tragam, por favor, hinos, seqüências e congêneres. Poesia, em geral, precisa ser bem pensada. No entanto - e faz tempo que eu queria dizer isso -, tem gente que não sabe nem a primeira declinação e diz que traduz a partir do original. Mas raios ! Onde está o amor à verdade ?

Ó mundo, mundo, como vais ganhando honra, em razão de haver poucos que te conheçam (Teresa d’Ávila, Livro da vida, III, 27).

Comments Comments | Categories: Textos, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior




Julho 16, 2008

Quant la doulce jouvencelle, Beleza Medieval

http://www.youtube.com/watch?v=LB4CehJEK8A

Comments Comments | Categories: Textos, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior




Julho 13, 2008

Biblioteca Virtual das Ciências da Linguagem no Brasil

Biblioteca Virtual das Ciências da Linguagem no Brasil, com textos de referência para a história do conhecimento lingüístico no Brasil, disponível no endereço http://www.labeurb.unicamp.br/bvclb

Comments Comments | Categories: Textos, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior




Julho 12, 2008

Figuras de ontem: Leonardo Boff

Leonardo Boff, pseudônimo de Genésio Darci Boff (1938).

Publicou vários livros sobre a Teologia da Libertação, entre eles o best-seller “A Águia e a Galinha” (Editora Vozes, Petrópolis, 208pp).

Comments Comments | Categories: Textos, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior




Meditação de inverno

Abstração de folhas, o inverno é revelação de geometrias puras congeladas. Eis por que as arquiteturas funcionais, que reúnem e organizam objetivamente suas formas somente para satisfação de uma necessidade material - cobrir, sustentar, transmitir, receber [esforços] - parecem atingir sua perfeição visual sob a luz do inverno.

(CALI, Fraçois. L´Ordre Ogival: Essai sur l´architecture gothique. Paris, Arthaud, 1963, p. 159).

Comments Comments | Categories: Textos, Textos Edificantes | Autor: Omayr José de Moraes Júnior